18 de Mayo: Día Internacional del Museo Los Museos y Los Jóvenes El Día Internacional del Museo fue instituido por el Consejo Internacional de Museos (ICOM por sus siglas en inglés) en 1976, para destacar en esta fecha la fundamental misión que realizan los museos en la sociedad contemporánea. EL ICOM es una organización profesional que agrupa a instituciones y trabajadores de museos en más de 130 países del mundo. Sus principales actividades están vinculadas a promover la labor museística, el intercambio profesional y a estimular la defensa del patrimonio cultural en todas sus manifestaciones. Su filial peruana está presidida actualmente por el arquitecto Javier Luna Elías. La definición de museo ha evolucionado tremendamente a pesar de que el ICOM no ha logrado ponerse de acuerdo para satisfacer las necesidades contemporáneas. Para el ICOM, el museo es una institución permanente al servicio de la sociedad, que adquiere, conserva, investiga y expone los testimonios materiales del hombre y de la naturaleza con fines de educación y deleite. Esta última acepción tiene vital importancia en el mundo globalizado que nos toca vivir. Sin embargo, se está intentando llegar a una nueva definición que permita incorporar las tecnologías de última generación y las propuestas más acordes con los tiempos y con la visión integral de patrimonio que propicia hoy la UNESCO y que incluye los parques nacionales, los santuarios, las reservas naturales, los acuarios, los jardines botánicos, los archivos en todas sus manifestaciones, las bibliotecas y todos aquellos espacios destinados a la conservación del patrimonio. En países como los nuestros seguimos manteniendo la noción tradicional perfectamente válida y los museos siguen cumpliendo una misión esencial no solo en la transmisión del conocimiento y en su conservación, sino también en la promoción y difusión del patrimonio que contribuyen a consolidar la autoestima y la cohesión de grupo. La historia de los museos en el Perú se remonta a 1822 cuando, por instrucciones del general don José de San Martín, su ministro Bernardo Monteagudo crea el Museo Nacional y la Biblioteca Nacional. Desde entonces mucha agua ha corrido bajo el puente y los museos peruanos han tenido que soportar numerosas vicisitudes, tantas como las que han afectado a nuestra Biblioteca Nacional que recién en el siglo XXI ha logrado trasladarse de local después de interminables dilaciones y todavía con muchas carencias, pero con una gran ilusión de contribuir a la investigación y al fomento de la lectura. El Museo Nacional también tiene lo suyo y hoy, luego de varios traslados y de algunas transformaciones, se ha convertido en el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, nombre bastante largo aunque no lo suficiente para expresar la verdadera dimensión de lo que almacena; es decir, la memoria de una civilización como la peruana que merecería grandes presupuestos para atender las necesidades geométricas de este recinto que alberga la más valiosa colección arqueológica del país y una de las más importantes del mundo, sobre todo en el campo textil. Pero los museos no solo están constituidos por sus colecciones sino también por su labor de extensión que muchas veces es incomprendida y para la cual se necesitan expertos tanto en museología como en gestión de museos, especialistas en servicios educativos y en acción cultural. Quedaron muy atrás los tiempos de visitas paporreteras a los museos para copiar acuciosamente los datos que encontrábamos en las vitrinas y en los paneles. Este anticuado método tiene que concluir definitivamente en nuestro país si no queremos alimentar un sentimiento de museofobia en los estudiantes de cualquier nivel. Pero para ello los museos deben estar preparados y contar con el personal idóneo, cosa que es muy difícil en nuestra realidad. Los museos nacionales padecen muchas necesidades y en el campo profesional muchos de sus integrantes se han formado a través de la experiencia o, en el mejor de los casos, provienen de las ciencias sociales aunque no sea exclusivamente su campo de acción; también muchos profesionales de las ciencias exactas tienen su lugar en los museos. La capacitación y la alianza con las escuelas y específicamente con el Ministerio de Educación son fundamentales. Lo ideal sería contar con los profesionales adecuados que capaciten a los maestros, quienes en una visita previa deberían recibir las instrucciones necesarias para aprovechar al máximo la visita y que esta no se convierta en una mera recopilación de datos. Las colecciones de los museos arqueológicos, que son los que más abundan en nuestro país, no están adaptadas a la nueva museología, adoleciendo de un lenguaje antiguo o sumamente especializado y de información desactualizada que espantan al visitante, y muchas veces la información consignada no coincide con los textos escolares. Lo ideal es que el maestro dicte una clase in situ y no obligar al estudiante a tomar nota de una infinita sucesión de datos que no conducen a nada beneficioso. Como se ha dicho, tan importantes como las visitas son las actividades complementarias que los museos pueden desarrollar a través de exposiciones temporales e itinerantes, de conferencias, de visitas especiales, de programas novedosos, incluyendo la atención nocturna, y de propuestas artísticas para articular a los usuarios con el museo. Se acabaron los “museos cementerios” en el sentido peyorativo porque hasta estos espacios funerarios se han convertido en dignos representantes de una conjunción que resultaría ideal para la comprensión integral del patrimonio. Son ciudades para los muertos con todo lo que existe en una urbe: calles, plazas, canales, alamedas, campos verdes, sistemas de descanso y otros elementos donde se combina el paisaje, la producción cultural del hombre y los contenidos inmateriales a través de la muerte, el duelo y el luto. Un mundo encerrado dentro de otro donde la interacción es imperceptible y quien lo visita cree que está yendo solo a encontrarse con el difunto, mientras que simultáneamente realiza una visión participativa del patrimonio. Pero además del espacio funerario tampoco hemos puesto atención en los espacios industriales –una nueva tendencia en nuestro país–, sobre todo de parte de las autoridades insensibles e ignorantes de la responsabilidad que tienen frente a la conservación de las antiguas fábricas textiles, tabacaleras o cerveceras, las estaciones ferroviarias, los socavones de minas, los pozos petroleros, centrales hidroeléctricas no operativas, los barrios obreros, los cines, es decir la infinita variedad de elementos que han contribuido al desarrollo de nuestras sociedades a partir de la revolución industrial. Espacios que se encuentran sin un marco legal y desprotegidos, sin merecer más que una abominable mirada de propios y extraños, por lo menos en nuestro territorio. Desconocemos lo que significan los parques temáticos y las posibilidades que podemos obtener a partir de la enseñanza y conservación de estos monumentos para mostrar a la sociedad el desarrollo evolutivo de nuestra industria, los procesos, el modo como hemos llegado a esta situación por lo menos en el campo de las telecomunicaciones y la informática, además de los medios de comunicación. La mayoría de museos se halla concentrada en Lima, mientras que en el interior su situación puede calificarse de incipiente, sobre todo en cuanto a infraestructura. Casos excepcionales son los de la costa norte –el Museo de Tumbas Reales de Sipán en Lambayeque, el Museo Nacional de Sicán en Ferreñafe, el Museo y Valle de las Pirámides en Túcume (quizás el mejor ejemplo en nuestro país de apropiación social del patrimonio)–, todos fruto de los esfuerzos de un conjunto de profesionales que viene trabajando con la comunidad desde hace casi veinte años con excelentes resultados que no pueden cuantificarse por los indicadores tradicionales. Pero no todo es dinero y prueba de ello es el Museo Afroperuano en la ciudad de Zaña, toda una realidad que le hace justicia a su población y a la historia de gloria que esta vivió en el siglo XVII, realzada por el paso y la muerte de Santo Toribio de Mogrovejo en este espacio privilegiado del Perú. En Piura, el Museo Vicús alberga una colección de metales extraordinaria recolectada por Manuel Justino Ramírez, y merecen también referencia los museos de frontera, el museo de Narigualá, contiguo al sitio arqueológico, y el proyectado museo en el Centro Cultural San Miguel. Leymebamba en Amazonas posee un museo ejemplar que aparte de una respetable colección de restos humanos ha incorporado la arquitectura vernacular y despliega esfuerzos para integrar a los pobladores con su patrimonio, a pesar de que ni este ni los de la costa norte han logrado posesionarse como destinos turísticos para los visitantes alejados de estas comunidades. Sería largo detallar la situación de los más de doscientos museos que en el país padecen de carencias de todo tipo, sobre todo de espacio. El Valle del Mantaro, por ejemplo, donde es preciso recordar al padre Razzeto, quien con gran esfuerzo recuperó las colecciones del Museo de Sitio de Wariwilca y las almacenó en el colegio Salesiano y en el Instituto Nacional de Cultura de Junín, pues el patrimonio no escapó de las atrocidades de la subversión y el museo tuvo que desmantelarse para su protección. Aquí podrían desarrollarse interesantes experiencias de economuseos que consisten en la habilitación de territorios con contenidos especiales para combinar experiencias vivenciales y patrimoniales. La riqueza cultural del Valle del Mantaro; las habilidades extraordinarias de sus habitantes en la elaboración de textiles, en la orfebrería, en el tallado en madera, en los bordados; la más rica expresión cultural del Perú: el mate; darían lugar a satisfactorias sinergias de paisajes, producciones culturales y patrimonio vivo como música y danza. Pero volvamos al 18 de mayo, al Día Internacional del Museo, cuyo tema central este año –según lo dispuesto por el ICOM– será la relación de los museos con los jóvenes, teniendo en cuenta cuán indispensable es crear mecanismos de acercamiento para involucrar a este sector de la población en el valor del patrimonio cultural, ofrecerles nuevas posibilidades de integración y de interés como programas de voluntariado o reforzamiento de vigías de patrimonio para lograr, a través del conocimiento de los valores culturales de su comunidad, el desarrollo de su autoestima, de su orgullo y de sus fortalezas como miembros de la sociedad peruana. Luis Repetto Málaga Presidente ICOM LAC- Organización Regional para América Latina y el Caribe del Consejo Internacional de Museos
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